Por : Francisco Vigo López
Ingenia Gestión & Consultoría Empresarial SAC
En la actualidad, es innegable el impacto que las decisiones financieras tienen en nuestra vida diaria. La forma en que manejamos nuestro dinero determina nuestra estabilidad económica y, en última instancia, nuestra calidad de vida. Sin embargo, resulta preocupante que tanto las familias como el estado no muestren un interés genuino en promover la educación financiera. ¿Por qué sucede esto?
En primer lugar, muchas familias ni siquiera están conscientes de la importancia de la educación financiera. Históricamente, la educación se ha centrado en áreas académicas consideradas más tradicionales, como matemáticas, ciencia y literatura. Autores como Robert Kiyosaki, en su libro Padre Rico, Padre Pobre, han señalado que el sistema educativo no ha dado prioridad a enseñar a las personas a manejar el dinero adecuadamente, lo cual ha llevado a una desinformación generalizada en este tema.
Además, existe un temor latente por parte de las familias y el estado hacia la educación financiera. Por un lado, las familias pueden sentir que hablar sobre dinero puede ser incómodo o incluso tabú. Esto se debe a que la sociedad suele asociar el hablar sobre dinero con la avaricia o la falta de ética. Autores como Dave Ramsey, en su libro The Total Money Makeover, han destacado la necesidad de romper con estos tabúes y promover una cultura en la que se hable abiertamente sobre finanzas personales.
Por otro lado, el estado puede tener reticencia a promover la educación financiera debido a diversos intereses. Autores como Annette Simmons, en su libro The Story Factor, argumentan que existen grupos de poder que se benefician de la ignorancia financiera de las personas, ya que les resulta más fácil manipularlas y controlarlas. Por lo tanto, puede existir una resistencia a proporcionar una educación financiera completa y accesible para todos.
Es preocupante que, sin un conocimiento financiero adecuado, las personas estén más expuestas al endeudamiento excesivo, a las estafas y a la falta de planificación a largo plazo. Esto afecta no solo a nivel individual, sino también a nivel social y económico. Autores como Thomas Sowell, en su libro Basic Economics, señalan que la falta de educación financiera tiene consecuencias negativas en la movilidad social y en el crecimiento económico de una nación.
Es importante destacar la necesidad de fomentar la educación financiera desde la infancia. Autores como Beth Kobliner, en su libro Make Your Kid a Money Genius (Even If You’re Not), explican que los niños tienen la capacidad de aprender habilidades financieras básicas desde la temprana edad y que esto les ayudará en su desarrollo y en la construcción de una vida económica estable en el futuro.
Las familias y el estado tienen un desinterés evidente por promover la educación financiera. Ya sea por falta de conciencia, por miedo o por intereses ajenos, esta situación afecta negativamente a la sociedad en su conjunto. Es fundamental que tanto las familias como el estado tomen medidas para fomentar el conocimiento financiero y así garantizar un futuro económico más sólido y próspero para todos.


