Por: Francisco Vigo López
Especialista en educación financiera para niños
PROYECTO MONEDA MÁGICA
En este 2026, un año electoral, tras el estruendo de los mítines y las proclamas de «justicia social», persiste una omisión que bordea lo criminal: el sistemático sabotaje al futuro de los niños peruanos a través de una Currícula Nacional que los lanza al mundo sin herramientas financieras.
Mantener a nuestra infancia en el analfabetismo económico no es un error de gestión, sino una cínica decisión de diseño. Un ciudadano que no comprende la inflación ni el interés compuesto es el cliente perfecto para el populismo y la víctima ideal para la usura; un electorado cegado por la ignorancia técnica es mucho más fácil de manipular desde los balcones de campaña.
Es indignante que, en el país del emprendimiento, el Estado prefiera formar ciudadanos dependientes que esperen el próximo bono antes que individuos capaces de gestionar su propia riqueza. Mientras la élite hereda cultura financiera en casa, la escuela pública condena al hijo del trabajador a la vulnerabilidad, perpetuando una brecha de clase que ninguna «reforma» cosmética ha logrado cerrar.
La educación financiera no es una invitación a la opulencia, sino una vacuna urgente contra la esclavitud de las deudas y una lección cívica fundamental: entender que el bienestar real no es maná estatal, sino el fruto del esfuerzo y la planificación responsable.
A pesar de esta negligencia institucional, la verdadera esperanza reside en la emancipación mental de los más pequeños. Un niño que hoy aprende a diferenciar un deseo pasajero de una necesidad real es un adulto que mañana será inmune al discurso del «dinero mágico». La clase dirigente tiene una deuda histórica que no se pagará con subsidios paliativos, sino con pupitres equipados para la realidad del siglo XXI.
Es hora de que la sociedad civil exija este derecho a la libertad económica; solo así dejaremos de formar empleados sumisos para un siglo que ya se fue y empezaremos a forjar ciudadanos libres, dueños de su propio destino.


