Por: Francisco Vigo López
Especialista en educación financiera para niños
PROYECTO MONEDA MÁGICA
El sistema educativo peruano sigue anclado en el siglo XX, formando ciudadanos que saben calcular el área de un trapecio, pero naufragan ante su primer estado de cuenta. Mientras los candidatos presidenciales de 2026 lanzan promesas de «reforma» en los debates, la realidad es cruda: estamos lanzando a nuestros niños a una selva económica sin brújula.
La incapacidad de distinguir entre una necesidad y un deseo no es un fallo de carácter, es un fallo del currículo. La ausencia de educación financiera en las aulas es una decisión política que perpetúa la informalidad y el sobreendeudamiento. Un ciudadano que no entiende el interés compuesto es un ciudadano condenado a la dependencia.
En la región, el contraste es evidente. Con sus matices y polémicas, Nayib Bukele en El Salvador ha entendido algo básico: la soberanía individual empieza por la billetera. Al integrar la alfabetización financiera y digital desde la escuela, su gestión está dotando a las nuevas generaciones de herramientas de control que en el Perú siguen pareciendo ciencia ficción.
En nuestro país, propuestas como las de Molinelli o Jaico suenan bien en el podio, pero el papel aguanta todo. No necesitamos más «semanas de la educación financiera» de carácter simbólico; necesitamos que la gestión del dinero sea una materia troncal.
La libertad financiera no se alcanza con bonos estatales, sino con educación. Seguir ignorando esto en las escuelas de primaria no es un descuido pedagógico; es una negligencia social que el Perú ya no puede permitirse.


