El exjefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), catedrático universitario y politólogo, Fernando Tuesta Soldevilla, publicó en sus redes sociales un artículo de opinión en el cual hace un análisis de los resultados de la segunda vuelta electoral entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Uno de los aspectos resaltantes es el referido al voto de los peruanos en el extranjero. Aquí su artículo.
TODOS SOMOS PERUANOS: Si esta elección tiene una particularidad, es que puede terminar, por tercera vez, con una diferencia menor al 1% de los votos. Pero hay otra singularidad: quizá sea el único caso en que una candidatura llegue a la presidencia gracias al voto de los peruanos en el extranjero. Roberto Sánchez gana en el territorio nacional, pero Keiko Fujimori lo supera fuera del país.
Ese dato ha abierto una discusión equivocada. Algunos cuestionan el derecho al voto de los peruanos en el exterior, como antes otros propusieron volver al sufragio censitario -reservado a alfabetos o mayores contribuyentes- para reducir el peso del sur andino. Cambian los destinatarios, pero no la lógica: cuando un sector vota distinto a lo esperado, se busca disminuir su ciudadanía. Ambas posiciones son nocivas y antidemocráticas.
Aquí se cruzan dos asuntos: el derecho al voto, expresión de una ciudadanía transnacional, y la orientación política de quienes residen fuera. Al enterarse de lo segundo, algunos reaccionan contra lo primero. Pero el peruano no deja de ser ciudadano porque vive en otro país. La residencia no extingue derechos ni vínculos. Además, esos vínculos no son solo afectivos. Las remesas alcanzaron en 2025 un récord de US$5,368 millones, 11,7% más que en 2024, equivalente al 1,6% del PBI.
El Perú fue uno de los primeros países de América Latina en reconocer el voto de sus ciudadanos en el exterior en elecciones nacionales, desde 1980. Entonces representaban apenas el 0,6% del padrón electoral. Hoy son 1’210,813 electores hábiles, el 4,4% del padrón nacional. Si fueran una circunscripción territorial, serían la quinta en tamaño electoral entre 27. Esta presencia creciente no es una anomalía peruana. También se observa en Colombia, República Dominicana o El Salvador.
Otra cosa es discutir cómo votan. En el caso peruano, los electores en el exterior han mostrado una inclinación mayoritaria hacia opciones de centroderecha y derecha. Ese comportamiento merece análisis: trayectorias migratorias, condiciones laborales, integración, distancia con la política cotidiana del país y percepción de orden. Pero explicar una orientación electoral no autoriza a restringir derechos.
El voto no puede defenderse solo cuando favorece a quien uno prefiere. La democracia se prueba cuando el resultado incomoda. Si se cuestiona el sufragio de los peruanos en el exterior porque inclina una elección, mañana se podrá cuestionar el de una región, una clase social, una edad o una comunidad. El sufragio universal no es una concesión revocable según el resultado, sino un derecho adquirido y una conquista democrática. Defenderlo no significa apoyar a Keiko Fujimori ni a Roberto Sánchez. Significa defender la regla que permite que todos, dentro o fuera del territorio, sigan siendo parte del Perú.


